El matrimonio Tsuda se instalará en Tokyo hacia 1945, en un país devastado por la guerra. Sabemos que Itsuo Tsuda utilizará la técnica “roketsuzome” (batík japonés) para trazar caligrafías y decorar bolsos y otros objetos, que el matrimonio venderá para vivir.
A los 31 años, Tsuda comienza realmente a vivir en su país de origen y a interesarse por sus aspectos culturales. Unos años más tarde, en 1951, empieza a estudiar teatro Nô con el Maestro Hosada de la Escuela Kanzé Kasetsu, que se remonta al siglo XIV. El estudio del Nô le encanta, especialmente el hecho de que nada debe ser exteriorizado, sino que todo ha de traducirse en el interior mediante la vibración, en un estado de gran concentración y de economía de gestos y desplazamientos.
“Si el teatro francés – dice Tsuda – apunta directamente al consciente para captar la atención, el Nô penetra en el inconsciente para preparar el terreno. En este último toda la importancia reside en el ambiente y no en la intriga, la cual, por lo demás, en general es muy simple”.
Tsuda practicó el teatro Nô como amateur, pues según la tradición japonesa sólo los miembros de una línea familiar pueden ser actores de Nô. La práctica del Nô se circunscribe en su interés por las manifestaciones del ki en las artes tradicionales japonesas, prosiguiendo ahí su búsqueda personal al encuentro de lo que hace vibrar al ser.
“Cuando empecé a aprender recitación Nô me ejercitaba en hacer vibrar simplemente mis cuerdas vocales. El Maestro Hosada me hizo tocar una plancha muy delgada que se encontraba en el centro de una mesa de madera muy robusta. Cuando se puso a recitar un pasaje empecé a sentir cómo vibraba la plancha bajo mis dedos. Después fue mi turno. Grité en vano, pero no hubo ninguna vibración. El Maestro me dijo entonces: no es cuestión de cuerdas vocales en el Nô, sino del hara, del vientre. La respiración abdominal; lo que en japonés llamamos kokyu. En el aprendizaje de las artes japonesas siempre es cuestión de kokyu.
El Encuentro con el Maestro Noguchi
A comienzos de los años cincuenta la esposa de Tsuda enfermó, y Tsuda conoció a la señora Usui, experta en “Seitai”, la cual se ocupó de restablecer la salud de Keiko Tsuda.
El Seitai fue desarrollado por el Maestro Harichika Noguchi, y literalmente significa “terreno normalizado”, en referencia al estado de un ser humano saludable.

Usui sensei, con quien Tsuda mantendría una cercana relación a lo largo de su vida, era noveno DAN de Seitai, y la responsable de la formación en esta disciplina de los hijos del propio Noguchi. Fue ella quien los presentó a ambos, y Tsuda decidió seguir las enseñanzas de Noguchi.
“El Maestro Noguchi – relata Tsuda – me permitió ver las cosas de una forma muy concreta. A través de las manifestaciones de cada individuo es posible ver lo que actúa en su interior. Es una aproximación completamente diferente de la aproximación analítica: la cabeza, el corazón, los órganos digestivos, cada cual con su especialidad, y además el cuerpo por un lado y lo psíquico por otro; esto no es así. Noguchi me enseñó a ver al hombre, es decir, al individuo concreto, en su totalidad “.
El Maestro Noguchi descubrió en la infancia sus capacidades como sanador, pero hacia los años cincuenta del siglo pasado decidió renunciar a la terapéutica para crear la noción de Seitai o “terreno normalizado”, entendida la palabra “terreno” como todo el conjunto que forma al ser humano. El cambio de óptica respecto a la enfermedad fue decisivo en la reorientación de Noguchi. Itsuo Tsuda lo formulará de manera muy clara titulando un capítulo de uno de sus libros: “Bienvenida, enfermedad”.
“La enfermedad – dice Tsuda – es algo natural; es un esfuerzo del organismo para intentar recuperar el equilibrio perdido. Es bueno que la enfermedad exista, pero es necesario que los hombres se liberen de su subyugación, de su esclavitud. Así fue como Noguchi llegó a concebir la noción de Seitai. No hay que ocuparse de las enfermedades, pues es inútil curar. Si se normaliza el terreno las enfermedades desaparecen por sí solas. Y además uno se hace cada vez más vigoroso. Adiós a la terapéutica. Se acabó la lucha contra las enfermedades”.

El abandono de la terapéutica va a la par con el deseo de abandonar las relaciones de dependencia que atan al paciente con el terapeuta. El Maestro Noguchi deseaba permitir a los individuos la toma de conciencia de sus capacidades ignoradas, despertarlas hasta el pleno florecimiento de su ser.
Tsuda y Noguchi se tomaron un enorme aprecio y pasaban noches enteras dialogando. Se creó entre ellos una relación de enriquecimiento mutuo. El Maestro Noguchi encontró en la vasta cultura intelectual de Tsuda una ocasión de nutrir y ampliar sus observaciones y reflexiones personales. Tsuda fue uno de los redactores de la revista Gekkan Zensei, publicada por el Instituto Seitai, y participó activamente en los estudios dirigidos por el Maestro Noguchi sobre los “taiheki” (tendencias posturales que Noguchi clasificó en un total de nueve tendencias o tipos). Fue el propio Tsuda quien avanzó la hipótesis, validada por Noguchi, de que el tipo nueve “pelvis cerrada” representa el arquetipo del ser primitivo (Haruchika Noguchi, “El parecido entre las personas de un mismo taiheki es mayor que el que existe entre los miembros de una misma familia”, revista Zensei, Enero de 1978).
Pero fue la puesta a punto del “Katsugen undō” por el Maestro Noguchi lo que interesó particularmente a Itsuo Tsuda. Él captó de inmediato la importancia de esta práctica, especialmente en lo que concierne a la posibilidad de permitir a los individuos reencontrar su autonomía, no tener necesidad de depender de ningún especialista.
Nota.- Katsugen undō, literalmente “movimiento que devuelve la vida a su fuente”, es una de las prácticas del Seitai. Fue traducido por Tsuda como Movimiento Regenerador.
