En conversaciones recientes con compañeros de la Vía les he oído preguntarse quién era Morihei Ueshiba. Quién era de verdad o incluso quién es, y hasta dónde alcanza su portentosa figura espiritual. Yo también oigo en estos días esa pregunta en mi corazón.
Quién es, en presente. Porque realmente la irradiación de su fuerza espiritual sigue profundamente viva y nos llega desde los campos espirituales donde mora su ser, fructificando nuestra práctica y sembrando de paz y de humildad nuestras almas a través de la hermosa Vía del Aiki.
Todos hemos leído los resúmenes biográficos que han sido publicados sobre O´Sensei en las diferentes obras sobre el Aikido. Sabemos de su búsqueda y de su continuo esfuerzo espiritual hasta transformar su maestría marcial en el hermoso Budo (1) de la Paz, como también se conoce el Aikido.
Pero en las biografías oficiales, poco, o muy poco, se habla de los hitos más importantes en los que se encuadra su búsqueda, su continua e incesante evolución hasta alcanzar los grandes frutos de su obra y su destino. Y mucho menos, de las personalidades cuyo papel fue fundamental en las conquista espirituales de O´Sensei.

Por las semblanzas biográficas habituales conocemos la existencia de Onisaburo Deguchi, cabeza de la religión Omoto-kyo (Iglesia del Gran Despertar), con quien Ueshiba mantuvo una estrechísima relación que duró desde 1920 hasta probablemente 1935, y que incluyó la peligrosa aventura que vivieron juntos en Manchuria.
Pero nada se nos dice en estas biografías oficiales sobre el gigantesco papel que desempeñó en el desarrollo espiritual de Ueshiba una entonces jovencísima mujer llamada Nakanishi sensei. No me detendré en ello porque el rol de esta joven Maestra en la vida de Ueshiba está ampliamente descrito en los libros que escribió, originalmente en francés, el añorado Maestro Itsuo Tsuda.
Respecto a la pregunta que da origen a este artículo, recuerdo cómo los libros de Tsuda sensei, cuando empezaron a ser editados, agrandaron hasta lo inimaginable la estatura, ya colosal, de un Morihei Ueshiba de quien sospechábamos una vida de hechos portentosos, pero que tomaban cuerpo en las narraciones de las que la señora Nakanishi hacía depositario a Itsuo Tsuda.
Las propias descripciones de Tsuda, que practicó con él durante los diez últimos años de vida de O’Sensei, abrían nuestros ojos maravillados ante la riqueza de su personalidad y la infinidad de matices de sus esfuerzos y sus búsquedas. Esos diez años de Tsuda junto al maestro Ueshiba son impagables para cualquier seguidor de la Vía del Aiki. La madurez de Tsuda, su propia búsqueda y maestría, su rica experiencia vital, su vasto conocimiento del pensamiento oriental y occidental, le permitieron absorber con atención plena los elementos más significativos de la individualidad y de las enseñanzas de Ueshiba: la prodigiosa técnica de O’Sensei, que asombraba a propios y a extraños y que desbordaba con creces cualquier explicación desde una mera perspectiva humana; la profunda serenidad y equilibrio de su personalidad humana; sus intrincadas explicaciones cuando hablaba del origen espiritual del Aikido y que muy pocos alumnos escuchaban; kototama, el espíritu de las palabras, los sonidos creadores; takama no hara, el Puente Flotante del Cielo; el Kojiki, con el abigarrado y multiforme mundo de los kami que conforman el panteón del Shinto.

Todas estas cosas, y muchas más, relatadas por el Maestro Tsuda, hicieron crecer nuestro conocimiento de Ueshiba y de las esferas divinas desde donde le fue inspirado su Arte.
Y con todo – por lo inmenso -, la pregunta sigue habitando nuestros corazones.
¿Quién es Morihei Ueshiba? Desde mi humilde entender esta pregunta sigue vigente por dos razones que se alimentan mutuamente.
Una razón concierne al propio Ueshiba. Un espíritu como el suyo, eterno e inabarcable, no sólo sigue vivo en las alturas celestes, realizado y terminado, sino que sigue creciendo y evolucionando, e irradiando desde ahí la fuerza y el amor de su espíritu compasivo hacia la Tierra y hacia los hombres. Para el buscador, para el corazón enamorado del Aiki, es una evidencia íntima y personalísima que se capta en momentos muy especiales: el Aikido es un bálsamo cotidiano y al alcance de la mano es esta época oscura; la presencia espiritual de Ueshiba en el dojo se percibe como una fuente de inagotable alegría; nuestras almas se sienten acompañadas y bendecidas por lo que sigue manando de su callada presencia.
La otra razón nos concierne a nosotros, los discípulos de la Vía. Cuanto más conscientes somos de lo que nos da, más crece en nuestro interior el anhelo de seguir conociéndole, de aspirar a abarcarle en un abrazo filial de reconocimiento y de gratitud eterna.
¿Quién es Morihei Ueshiba, por tanto, cuyo nombre, como sabemos, significa Paz Abundante?
Hay dos detalles de su biografía que nos hacen atisbar su estatura espiritual. Uno está descrito – de manera incompleta – en las semblanzas habituales sobre su vida. Se trata del momento conocido por todos de su Ilumimación, el pasaje de la atmósfera de luz dorada y de la comprensión del lenguaje de las criaturas y del Pensamiento de Dios. Completaremos este pasaje más adelante, de la mano de Masahisa Goi, a quien – para quien no lo conozca – presentaré en párrafos posteriores. De él dijo el propio Ueshiba: “Masahisa Goi es alguien que verdaderamente conoció mi corazón”.
El otro detalle está descrito por alguien que conoció también el corazón de Ueshiba, el Maestro Itsuo Tsuda, en su libro La Vía de los Dioses. En él recoge una confesión que le hizo Nakanishi sensei. Esta increible mujer tenía lo que podríamos llamar “hilo directo” con los dioses. De ese modo, supo que la vida y la tarea espiritual de Ueshiba estaban tuteladas por un alto kami celeste – Ame no murakumo kuki samuhara no Ryuhoo -, hecho que determinó la iniciación de Ueshiba por Nakanishi sensei en el conocimiento del kototama, punto crucial para el desarrollo de las formas más sublimes del Aikido.
Estos dos grandes sucesos nos hablan de un ser humano singular, un iniciado contemporáneo con una tarea universal bendecida por el Cielo.
Pero encontraremos nuevos matices de su individualidad a través de las palabras de Masahisa Goi.
Masahisa Goi no participó en el desarrollo religioso-espiritual de Morihei Ueshiba. Cuando le conoció, más o menos en la época en que le conoció Tsuda sensei, Ueshiba era un ser desarrollado. Los grandes etapas de sus afanes espirituales estaban realizadas.
Masahisa Goi nació el 22 de Septiembre de 1916 en Asakusa, un distrito de Tokyo, y falleció el 17 de Agosto de 1980. Fue el fundador de un movimiento por la paz mundial basado en una plegaria universal: “Que la paz prevalezca en la Tierra”. Lo creó en 1955 con la intención de trascender toda frontera y toda separatividad (religiosa, étnica, política) para lograr la paz a través de la oración. Se han instalado alrededor del mundo más de 200.000 sencillos monumentos – llamados Polos de Paz- con esta oración escrita en ellos en diferentes idiomas, para recordarnos orar por la paz mundial.

Su memoria es muy respetada en Japón, donde se le considera un gran maestro espiritual que escribió más de cincuenta libros para el desarrollo del cuerpo, el alma y el espíritu, y fundó la Byakko Shinko kai, una asociación basada en sus enseñanzas espirituales.
En el seno de esta asociación impartió O’Sensei una serie de conferencias que se publicaron, sólo en japonés, en Takemusu Aiki, y que probablemente componen la colección más extensa del pensamiento de Ueshiba. Una traducción parcial y abreviada está recogida en el texto de John Stevens El corazón del Aikido: la filosofía del Takemusu Aiki (1).
Masahisa Goi publicó en 1976 un escrito en el que relata su primer encuentro con O’Sensei. El momento en que se reunieron por primera vez, por así decirlo, dos de los grandes apóstoles de la paz mundial.
Fue en el año 1957, cuando Morihei Ueshiba tenía 74 años y estaba en la cumbre de su realización y de su fama. Al parecer, ambos habían oído hablar el uno del otro y tenían la intención de conocerse personalmente, pero no fue hasta Octubre de ese año 1957 cuando se dio la ocasión.
El relato de los antecedentes previos al encuentro está muy bien presentado en las fuentes de las que extraigo estos datos, reflejadas en las notas a pie de página (2).
Masahisa Goi comenta al respecto: “Nos conocimos por medio de un Plan Divino. Antes de saludarnos nuestras mentes se unificaron y se convirtieron en una sola, para que yo pudiera entender plenamente la personalidad del Maestro Ueshiba, mejor dicho, su divinidad, y parecía que él ya había entendido todo sobre mí”.
Ese primer encuentro entre ambos se produjo dos horas antes de que Masahisa sensei pronunciara una conferencia en una sala del distrito de Kanda, Tokyo, y al parecer durante esas dos horas conversaron con profunda alegría y mutuo reconocimiento espiritual.
He aquí una parte sustancial de lo que Masahisa Goi transmitió poco después, por escrito, sobre la figura de O’Sensei (3):
“El Maestro Ueshiba es, sin duda, la encarnación de un kami. La encarnación era tan humilde como para venir a ver con sus propios ojos a una persona religiosa desconocida que, por su edad, bien podría ser su hijo (…) Su humildad hacía que su espíritu brillara cada vez más y más (…) Mientras que el Maestro Ueshiba hablaba observé que su figura no era la forma física de su cuerpo humano, sino la figura de un famoso kami del Shinto. Esto me mostró que el Maestro Ueshiba no tenía pensamientos de ego y que actuaba como la encarnación de un kami.
“Se dice que su Aiki le permite proyectar a varios oponentes simultáneamente o levantar cientos de kans (4) fácilmente. En tales ocasiones una deidad marcial, también registrada en el Shinto, mueve el cuerpo físico del Maestro, que se convierte en Ku o vacío”.
A continuación Goi sensei transcribe, escuchado de la propia boca de O’Sensei, el relato completo de su experiencia de unión con lo divino que se cita parcialmente en las semblanzas oficiales del Maestro, y al que nos hemos referido en párrafos anteriores.
“Creo recordar que fue en la primavera de 1925 cuando paseaba solo por el jardín y sentí que el Universo se estremecía súbitamente. Entonces, un espíritu dorado emergió del suelo y envolvió mi cuerpo convirtiéndolo en oro.
Al mismo tiempo mi cuerpo y mi mente se iluminaron y fui capaz de comprender el murmullo de los pájaros y de percibir con claridad la mente de Dios, el creador de este Universo. En ese momento tuve una iluminación: la fuente del Budo es el amor de Dios, el espíritu de protección amorosa de todos los seres. Lágrimas de alegría corrían por mis mejillas.

Desde entonces siento que toda la Tierra es mi casa, y que el Sol, la Luna y las estrellas son mis pertenencias. Me liberé de todo deseo de alcanzar posición, fama y riquezas, así como de ser fuerte. Comprendí que el Budo no consiste en derribar al adversario por la fuerza ni es un instrumento para conducir al mundo a la destrucción mediante las armas. El verdadero Budo es aceptar el espíritu del Universo, preservar la paz del mundo y criar, proteger y cultivar correctamente a todos los seres de la Naturaleza. Entendí que el entrenamiento en el Budo consiste en captar el amor de Dios, que cría, protege y cultiva con rectitud todo lo que existe en la Naturaleza, para asimilarlo y emplearlo en nuestra propia mente y en nuestro propio cuerpo.”
También dijo: “Alrededor de la una o las dos de la madrugada estaba fuera, en el jardín, de pie con mi espada. Por extraño que parezca, de repente apareció algo blanco, un cuerpo astral. De frente a mí, la figura blanca también estaba de pie y tenía una espada. Así empezó mi entrenamiento con la espada.
En el instante en que me precipité hacia delante para atacar a mi oponente, se acercó a mí de inmediato. Me apuntó con su espada en el abdomen y en el pecho al mismo tiempo. Me dejó completamente fuera de guardia. Al principio mis movimientos eran lentos, pero con el entrenamiento, en uno de esos momentos en que la figura astral se acercó a mí, fui capaz de cortar su espada. Entonces, el oponente blanco desapareció.

La espada desapareció bajo mi fulminante mirada tras haber entrenado durante tres días. Entonces me miré a mí mismo y me di cuenta de que no distinguía las características de mi cuerpo, sino que era una figura de luz, la cual consideré que era mi cuerpo espiritual. Había nubes de luz que me envolvían. Sin embargo, estaba consciente y sentía que sujetaba una espada con las manos. No había ninguna espada, sólo mi respiración. Esto duró dos semanas.
Más tarde ya no estaba yo ni había espada ni nubes, pero sentía que mi cuerpo se expandía por todo el Universo. En ese momento no había luz blanca. Mi respiración controlaba las esquinas del Universo, y el Universo estaba en mi interior.
Cuando me percaté de que esto era el corazón de la religión y que la base del Budo es la misma que la base de la religión, empecé a derramar lágrimas que desbordaban alegría.
Mi corazón se inundó de agradecimiento devoto al Gran Dios y me provocó el llanto entender que todas estas cosas, las montañas, los ríos, los prados, los árboles, los animales, los insectos, los peces, son manifestaciones y obra del Gran Universo.”
Para finalizar este artículo, escrito con la intención de acercarnos un poco más a la comprensión de este gran ser, y sobre todo de honrar su amorosa guía en nuestra práctica, su presencia viva y vivificante en nustros corazones si estamos atentos, si en cada una de nuestras técnicas y gestos humildemente nos desapegamos de todo deseo de éxito y eficacia para permitir que él encarne en todos y cada uno de nuestros movimientos, me permito transcribir también el retrato que le hizo Masahisa Goi en un delicioso poema titulado La encarnación de un kami:
Este hombre es, sin duda, la encarnación de un kami.
Su cuerpo se hizo uno con el Universo y no tiene enemigo adverso.
Soy uno con el Universo y no tengo enemigos, confirmó con naturalidad.
Con un cuerpo pequeño de apenas cinco shaku (5) de estatura
y ya con casi ochenta años, él mismo sabe claramente que se está expandiendo para llenar el Universo.
No importa lo fuertes
ni cuántos sean sus oponentes, no puede ser derrotado,
pues se ha convertido en Ku.
Ku es Amenominakanushi (6). Ahí desde donde se ha unificado con Amenominakanushi
él emite el poder
de sus deidades guardianas.
Su poder ya está
por encima de cualquier Bu (7), por practicar un gran amor
y entrenar el espíritu.
El intenso brillo de sus ojos y la piadosa expresión
de su mirada
se armonizan para dar forma a su carácter
y conmover los corazones de la gente.
Ciertamente este hombre
es la encarnación de un kami.
Un apóstol del Gran Amor y de la omnipotencia.
Conozco la grandeza de este hombre desde el fondo de mi corazón.
Masahisa Goi. La Encarnacion de un kami.
Que nosotros sigamos aspirando, mediante la lealtad y la fidelidad sin tacha a su legado, a intuir al menos una mínima parte de esa grandeza.
- Vía del Guerrero
- Fuente: https://pequeniosuniversos.wordpress.com/2019/03/02/ueshiba-morihei-y-masahisa-goi- un-mensaje-de-paz/
- Fuente: https://pequeniosuniversos.wordpress.com/filosofia-y-practica/un-plan-divino-masahisa- goi-conoce-a-morihei-ueshiba/#_ednref10
- 1 kan equivale aproximadamente a 3,7 Kg.
- 1 shaku equivale aproximadamente a un pie, unos 30 cms.
- Kami Señor del Centro del Cielo, en el Shinto.
- Guerrero
